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nydus/The Call of the WildPublic
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La ley del garrote y del colmillo

De manera vaga recordaba la juventud de su raza, la época en que los perros salvajes vagaban en manadas por el bosque primigenio y mataban su presa mientras la perseguían. No le costó ningún esfuerzo aprender a pelear tajo contra tajo y con el rápido mordisco del lobo. De este modo habían luchado antepasados olvidados. Revivieron la vieja vida en su interior, y los viejos trucos que habían grabado en la herencia de la raza eran sus propios trucos. Acudían a él sin esfuerzo ni descubrimiento, como si siempre hubiesen sido suyos. Y cuando, en las noches quietas y frías, apuntaba con la nariz hacia una estrella y aullaba largamente a la manera de los lobos, eran sus antepasados, muertos y convertidos en polvo, apuntando con la nariz hacia la estrella y aullando a través de los siglos y a través de él. Y sus cadencias eran las cadencias de ellos, las cadencias que expresaban su dolor y lo que para ellos era el significado de la rigidez, del frío y de la oscuridad.

Así, como prueba de cuán pelele es la vida, la vieja canción brotó en su interior y volvió a ser dueño de sí mismo; y volvió a serlo porque los hombres habían hallado un metal amarillo en el Norte, y porque Manuel era un ayudante de jardinero cuyos jornal no alcanzaban a cubrir las necesidades de su esposa y de varios pequeños ejemplares de sí mismo.

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