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nydus/The Call of the WildPublic
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VII. El sonido de la llamada

punta en el cuello y los hombros. Una ráfaga de ira abrumadora se apoderó de él. No sabía que gruñía, pero gruñó en voz alta con una ferocidad terrible. Por última vez en su vida permitió que la pasión usurpase la astucia y la razón, y fue debido a su gran amor por John Thornton que perdió la cabeza.

Los yeehats bailaban en torno a los restos de la cabaña de ramas de abeto cuando oyeron un rugido temible y vieron precipitarse sobre ellos a un animal como jamás habían visto antes.

Era Buck, un huracán vivo de furia, que se lanzó sobre ellos en un frenesí de destrucción. Saltó sobre el primer hombre (era el jefe de los yeehats), desgarrándole la garganta de lado a lado hasta que la yugular rota brotó en una fuente de sangre. No se detuvo a ensañarse con la víctima, sino que desgarró al pasar y, en el siguiente salto, abrió de par en par la garganta de un segundo hombre.

No habíamanera de contenerlo. Se metió de lleno en medio de ellos, desgarrando, destrozando, destruyendo, en un movimiento constante y terrible que desafiaba las flechas que le disparaban. De hecho, tan inconcebiblemente rápidos eran sus movimientos, y tan apiñados estaban los indios, que se disparaban flechas los unos a los otros; y un joven cazador, al arrojarle una lanza a Buck en pleno vuelo, la clavó en el pecho de otro cazador con tanta fuerza que la punta atravesó la piel de la espalda y asomó por el otro lado.

Entonces el pánico se apoderó de los yeehats, y huyeron aterrorizados hacia el bosque, proclamando en su huida la llegada del Espíritu Maligno.

Y en verdad Buck era el Demonio encarnado, enfurecido tras sus talones y derribándolos como a ciervos mientras corrían entre los árboles. Fue un día funesto para los yeehats.

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