CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Call of the WildPublic
Página 90 de 129
Table of Contents

VI. Por el amor de un hombre

Para sorpresa de Buck, estos perros no le manifestaron ningún celo. Parecían compartir la bondad y la generosidad de John Thornton.

A medida que Buck se iba fortaleciendo, lo atrajeron a toda clase de juegos ridículos, en los que el propio Thornton no pudo dejar de participar; y de este modo Buck correteó a lo largo de su convalecencia y hacia una nueva existencia.

El amor, el amor genuino y apasionado, era suyo por primera vez. Jamás había experimentado esto en la casa del juez Miller, allá en el valle de Santa Clara bañado por el sol.

  • Con los hijos del juez, de caza y excursión, había sido una sociedad de trabajo;
  • con los nietos del juez, una especie de tutela pomposa;
  • y con el juez mismo, una amistad majestuosa y digna.

Pero el amor febril y devorador, que era adoración, que era locura, fue John Thornton quien logró despertarlo.

Este hombre le había salvado la vida, lo cual no era poca cosa; pero, además, era el amo ideal. Otros hombres velaban por el bienestar de sus perros por un sentido del deber y conveniencia comercial; él velaba por el de los suyos como si fueran sus propios hijos, porque no podía evitarlo. Y miraba más allá. Jamás olvidaba un saludo afectuoso o una palabra de aliento, y sentarse a charlar largo y tendido con ellos («cháchara» lo llamaba) era tanto un deleite para él como para ellos. Tenía la costumbre de tomar la cabeza de Buck rudamente entre sus manos, y apoyar su propia cabeza sobre la de Buck, de sacudirlo de un lado a otro, mientras lo insultaba con improperios que para Buck eran nombres de cariño. Buck no conocía mayor alegría que ese abrazo brusco y el sonido de juramentos susurrados, y en cada sacudida de un lado a otro parecía que

90