John Thornton se detuvo sobre Buck, esforzándose por dominarse, demasiado convulso de ira como para hablar.
—Si vuelves a golpear a ese perro, te mato —logró decir al fin con voz ahogada.
—Es mi perro —respondió Hal, limpiándose la sangre de la boca mientras regresaba—. Quítate de mi camino o te arreglaré. Voy a Dawson.
Thornton se interpuso entre él y Buck, y no mostró ninguna intención de apartarse. Hal sacó su largo cuchillo de caza. Mercedes gritó, lloró, rió y manifestó el abandono caótico de la histeria.
Thornton golpeó los nudillos de Hal con el mango del hacha, haciendo caer el cuchillo al suelo. Volvió a golpearle los nudillos cuando este intentó recogerlo. Luego se agachó, lo recogió él mismo y con dos golpes cortó las traíllas de Buck.
A Hal no le quedaban fuerzas para luchar. Además, tenía las manos ocupadas con su hermana, o más bien los brazos; mientras que Buck estaba casi muerto como para seguir sirviendo para tirar del trineo.