Por lo que respecta a América, el paralelismo es, en verdad, de lo más llamativo. Es cierto que el entorno externo en que se halla la clase trabajadora en América es muy diferente, pero actúan las mismas leyes económicas y los resultados, si no idénticos en todos los aspectos, han de ser aun así del mismo orden.
De ahí que encontremos en América las mismas luchas por una jornada laboral más corta, por una limitación legal del tiempo de trabajo —especialmente el de las mujeres y los niños en las fábricas—; encontramos el sistema de pagos en especie (truck-system) en pleno apogeo, y el sistema de viviendas obreras (cottage-system), en los distritos rurales, utilizado por los «patrones» (bosses) como medio de dominación sobre los trabajadores.
Cuando recibí, en 1886, los periódicos estadounidenses con las crónicas de la gran huelga de los 12.000 mineros del carbón de Pensilvania en el distrito de Connellsville, me pareció estar leyendo mi propia descripción de la huelga de los mineros del norte de Inglaterra de 1844. El mismo engaño a los trabajadores mediante falsas mediciones; el mismo sistema de tiendas de raya (truck-system); el mismo intento de doblegar la resistencia de los mineros mediante el último, pero aplastante, recurso de los capitalistas: la expulsión de los hombres de sus viviendas, las casas propiedad de las empresas.
No he intentado, en esta traducción, poner el libro al día, ni señalar en detalle todos los cambios que han tenido lugar desde 1844. Y ello por dos razones: en primer lugar, para hacerlo debidamente, el volumen del libro habría tenido que duplicarse más o menos; y, en segundo lugar, el primer tomo de El Capital, de Karl Marx —cuya traducción inglesa se encuentra a disposición del público—, contiene una descripción muy amplia de la situación de la clase obrera británica tal como era hacia 1865, es decir, en la época en que la prosperidad industrial británica alcanzó su punto culminante. Me habría visto obligado, por tanto, a recorrer de nuevo el terreno ya abarcado por la célebre obra de Marx.