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nydus/The Condition of the Working Class in EnglandPublic
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Introducción

a agentes itinerantes a cambio de su salario —tan ajenos que los ancianos que vivían muy cerca de la ciudad jamás iban a ella hasta que la introducción de la maquinaria los despojó de su oficio y se vieron obligados a buscar trabajo en los pueblos—, los teje­dores se hallaban en el mismo plano moral e intelectual que los yeomen, con los que solían estar directamente emparentados a través de sus pequeñas propiedades.

Consideraban a su terrateniente, el mayor propietario de tierras de la región, como su superior natural; le pedían consejo, le exponían sus pequeños pleitos para que los resolviera y le tributaban todo el honor que dicha relación patriarcal conllevaba.

Eran personas «respetables», buenos esposos y padres, que llevaban una vida moral porque no tenían la tentación de ser inmorales —al no haber tabernas ni casas de mala nota en las inmediaciones— y porque el ventero, en cuya posada calmaban la sed de vez en cuando, era también un hombre respetable, por lo general un gran arrendatario que se enorgullecía de su buen orden, su buena cerveza y su rigor con los horarios.

Tenían a sus hijos todo el día en casa y los educaban en la obediencia y el temor de Dios; la relación patriarcal permanecía inalterada mientras los hijos no se casaban.

Los jóvenes crecían en una sencillez idílica y en la mayor intimidad con sus compañeros de juegos hasta que contraían matrimonio; y, aunque las relaciones sexuales antes del matrimonio ocurrían casi indefectiblemente, esto solo sucedía cuando la obligación moral del matrimonio era reconocida por ambas partes, y una boda posterior lo arreglaba todo.

En resumen, los obreros industriales ingleses de aquellos días vivían y pensaban a la manera que todavía puede encontrarse aquí y allá en Alemania, en el retiro y la reclusión, sin actividad mental y sin fluctuaciones violentas en su posición en la vida.

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