casas son ruinosas, sucias y miserables, y en las inmediaciones del río y del fondo del valle encontré muchas cuya planta baja, medio enterrada en la ladera, estaba totalmente abandonada. Por lo general, las partes del fondo del valle en las que las casitas de los obreros se han amontonado entre las altas fábricas, se cuentan entre los distritos peor construidos y más sucios de toda la ciudad.
En las partes más nuevas de esta, como de cualquier otra ciudad fabril, las casitas son más regulares, al estar construidas en hilera, pero comparten también aquí todos los males inherentes al método habitual de proporcionar viviendas a los obreros, males de los que tendremos ocasión de hablar con más detalle al tratar sobre Mánchester.
Lo mismo ocurre con los restantes pueblos del West Riding, especialmente con Barnsley, Halifax y Huddersfield. Este último, el más hermoso con mucho de todos los pueblos fabriles de Yorkshire y Lancashire, debido a su encantador emplazamiento y a su moderna arquitectura, tiene sin embargo su mal barrio; pues un comité designado por una asamblea de ciudadanos para inspeccionar el pueblo informó el 5 de agosto de 1844:
«Es notorio que en Huddersfield calles enteros y muchos callejones y plazuelas no están pavimentados ni provistos de cloacas ni otros desagües; que en ellos los desperdicios, escombros y suciedad de toda clase se van acumulando, enconan y pudren, y que, casi en todas partes, el agua estancada se acumula en charcos, a consecuencia de lo cual las viviendas contiguas son inevitablemente malas y sucias, de modo que en tales lugares surgen enfermedades que amenazan la salud de todo el pueblo».
Si cruzamos Blackstone Edge o lo atravesamos con el ferrocarril, entramos en esa tierra clásica en la que la manufactura inglesa ha logrado su obra maestra y de la que emanan todos