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nydus/The Condition of the Working Class in EnglandPublic
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Prefacio

practican generalmente, los encuentra anticuados y fuera de lugar cuando llega a Hamburgo o Berlín; * y, a su vez, el comisionista procedente de Berlín o Hamburgo, judío o cristiano, tras frecuentar la Bolsa de Manchester durante unos pocos meses, descubre que, para comprar hilo o tela de algodón baratos, a él también le conviene abandonar aquellas artimañas y subterfugios, ligeramente más refinados pero no menos miserables, que son considerados la cumbre de la astucia en su país natal. El hecho es que esos trucos ya no resultan rentables en un gran mercado, donde el tiempo es oro y donde un cierto nivel de moralidad comercial se desarrolla de manera inevitable, meramente como un medio para ahorrar tiempo y molestias. > Y ocurre lo mismo con la relación entre el fabricante

El renacimiento del comercio, tras la crisis de 1847, fue el alba de una nueva época industrial. La abolición de las leyes de cereales (Corn Laws) y las reformas financieras subsiguientes dieron a la industria y al comercio ingleses toda la libertad de acción que habían reclamado. El descubrimiento de los yacimientos de oro de California y Australia se produjo en rápida sucesión. Los mercados coloniales desarrollaron a un ritmo creciente su capacidad para absorber productos manufacturados ingleses. En la India, millones de tejedores artesanales fueron definitivamente arruinados por el telar mecánico de Lancashire. China se iba abriendo cada vez más. Por encima de todo, los Estados Unidos —por entonces, comercialmente hablando, un mero mercado colonial, pero con mucho el mayor de todos— experimentaron un desarrollo económico asombroso incluso para aquel país de rápido progreso. Y, por último, los nuevos medios de comunicación introducidos al final del periodo precedente —los ferrocarriles y los vapores transatlánticos— se aplicaban ahora

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