de treinta, cincuenta, setenta a noventa mil habitantes, sean casi en su totalidad distritos de la clase obrera, salpicados únicamente por fábricas, unas pocas arterias flanqueadas por tiendas y algunos callejones a lo largo de los cuales los jardines y las casas de los fabricantes se encuentran dispersos a modo de villas. Las ciudades mismas están mal e irregularmente construidas, con patios inmundos, callejones y traseras, que hieden a humo de carbón y resultan especialmente sombrías debido al ladrillo rojo, originalmente brillante, vuelto negro con el tiempo, que es aquí el material de construcción universal. Las viviendas en sótanos son frecuentes aquí; siempre que es de algún modo posible, se construyen estas guaridas subterráneas, y una parte muy considerable de la población habita en ellas.
Entre las peores de estas ciudades, después de Preston y Oldham, se encuentra Bolton, a once millas al noroeste de Mánchester. Tiene, según he podido observar en