orgulloso también, porque así fui colocado en una posición para salvar al pueblo inglés del creciente desprecio que en el continente ha sido la consecuencia necesaria de la política brutalmente egoísta y del comportamiento general de vuestra clase media gobernante.
Habiendo tenido, al mismo tiempo, amplias oportunidades de observar a las clases medias, vuestras oponentes, pronto llegué a la conclusión de que tenéis razón, toda la razón al no esperar apoyo alguno por su parte. Su interés es diametralmente opuesto al vuestro, aunque siempre intentarán sostener lo contrario y haceros creer en su más sincera simpatía por vuestra suerte. Sus actos las desmienten. Espero haber reunido pruebas más que suficientes del hecho de que —sean cuales fueren sus palabras— las clases medias no pretenden en realidad otra cosa que enriquecerse con vuestro trabajo mientras puedan vender su producto, y abandonaros a la inanición tan pronto como no puedan obtener beneficio de este comercio indirecto de carne humana. ¿Qué han hecho para demostrar su profesada buena voluntad hacia vosotrxs? ¿Han prestado alguna vez seria atención a vuestras quejas? ¿Han hecho algo más que pagar los gastos de media docena de comisiones de investigación, cuyos voluminosos informes están condenados al sueño eterno entre montones de papel viejo en las estanterías del Ministerio del Interior? ¿Han hecho siquiera lo suficiente como para compilar a partir de esos podridos libros azules un solo libro legible del cual todo el mundo pudiera obtener fácilmente información sobre la condición de la gran mayoría de los «británicos nacidos libres»? Ni mucho menos, en verdad; esas son cosas de las que no les gusta hablar: han dejado que sea un extranjero quien informe al mundo civilizado de la situación degradante en la que tenéis que vivir.
Un extranjero para ellos, no para usted, espero. Aunque mi inglés no sea puro, confío en que lo hallará un inglés claro. Ningún obrero en Inglaterra —ni en Francia tampoco, a propósito— me ha tratado jamás como a un extranjero. Con el mayor placer observé que usted está libre de