un hedor insoportable aun en el puente, a cuarenta o cincuenta pies por encima de la superficie del arroyo. Pero, además de esto, el caudal mismo es detenido a cada pocos pasos por altos azudes, tras los cuales el cieno y los desperdicios se acumulan y se pudren en masas espesas. Aguas arriba del puente hay tenerías, molinos de huesos y fábricas de gas, de las cuales todos los desagües y desperdicios van a parar al Irk, que recibe además el contenido de todas las alcantarillas y letrinas vecinas. Fácil es imaginar, por tanto, qué clase de residuo deposita el arroyo.
Debajo del puente se contemplan los montones de escombros, los desperdicios, la inmundicia y los despojos procedentes de los patios de la empinada orilla izquierda; aquí cada casa está apiñada detrás de la vecina y se ve un trozo de cada una, todas negras, ahumadas, desmoronándose, ancestrales, con los cristales y los marcos de las ventanas rotos.
El fondo está compuesto por antiguos edificios fabriles parecidos a cuarteles.
En la orilla inferior derecha se levanta una larga hilera de casas y molinos; siendo la segunda casa una ruina sin tejado, atestada de escombros; la tercera está tan baja que el piso inferior es inhabitable y, por lo tanto, carece de ventanas y puertas.
Aquí el fondo abarca el cementerio de mendigos, la estación del ferrocarril de Liverpool y Leeds y, detrás de esta, el Asilo (Workhouse), la «Bastilla de la Ley de Pobres» de Manchester, que, como una ciudadela, domina amenazadoramente desde sus altos muros y antepechos en la cima de la colina el barrio obrero de abajo.
Más arriba de Ducie Bridge, la margen izquierda se vuelve más llana y la derecha más empinada, pero el estado de las viviendas en ambas orillas empeora en lugar de mejorar. Quien