Semejante hombre suele ir por las calles con su familia cantando una canción suplicante o apelando, en un discurso, a la benevolencia de los transeúntes.
Y es un hecho llamativo que a estos mendigos se les vea casi exclusivamente en los distritos de la clase trabajadora, que es casi exclusivamente de los donativos de los pobres de lo que viven.
O la familia toma posiciones en una calle transitada y, sin pronunciar una palabra, deja que la mera vista de su desamparo suplique por ella. También en este caso cuentan únicamente con la simpatía de los trabajadores, que saben por propia experiencia lo que es pasar hambre y corren el riesgo de encontrarse en la misma situación en cualquier momento; pues esta muda y a la vez conmovedora súplica se encuentra casi exclusivamente en calles frecuentadas por obreros y a las horas en que estos pasan por ellas; pero sobre todo en las tardes de verano, cuando los «secretos» de los barrios obreros suelen