su precio medio, por regla general, al mínimo de dichos medios de subsistencia, actúan sobre ellos con la fuerza irresistible de una máquina automática que los tritura entre sus ruedas. > > “Esta era, pues, la posición creada por la política librecambista de 1847 y por veinte años de dominio de los capitalistas manufactureros. Pero entonces se produjo un cambio. La crisis de 1866 fue seguida, en verdad, por un leve y corto resurgimiento hacia 1873 ; pero no duró. No es que atravesáramos la crisis en todo su apogeo en el momento en que tocaba, en 1877 o 1878 ; sino que hemos padecido, desde 1876 en adelante, un estado crónico de estancamiento en todas las ramas industriales dominantes. Tampoco llegará la crisis en todo su rigor, ni llegará el período de tan ansiada prosperidad al que solíamos tener derecho antes y después de la misma. Una depresión sorda, una saturación crónica de todos los mercados para todos los oficios: eso es en lo que hemos estado viviendo durante casi diez años. ¿Cómo se explica esto? > > “La teoría del libre cambio se basaba en un supuesto: que Inglaterra iba a ser el único gran centro manufacturero de un mundo agrícola. Y el hecho real es que este supuesto ha resultado ser una pura ilusión. Las condiciones de la industria moderna, la fuerza del vapor y la maquinaria, pueden establecerse allí donde haya combustible, especialmente carbón. Y otros países además de Inglaterra —Francia, Bélgica, Alemania, América, incluso Rusia— tienen carbón. Y las gentes de allá no veían la ventaja de convertirse en campesinos pobres irlandeses merced a una mayor riqueza y gloria de los capitalistas ingleses. Se pusieron resueltamente a fabricar, no solo para sí mismos, sino para el
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Prefacio
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