las viviendas de los obreros de Mánchester no es posible la limpieza, ni la comodidad, y por consiguiente tampoco una vida familiar desahogada; que en tales viviendas solo podría sentirse cómodo y como en su propia casa un pueblo físicamente degenerado, despojado de toda humanidad, degradado, reducido moral y físicamente a la bestialidad. Y no estoy solo al hacer esta afirmación. Ya hemos visto que el Dr. Kay da exactamente la misma descripción; y, aunque es superfluo, cito además las palabras de un liberal, reconocido y muy valorado como autoridad por los fabricantes, y fanático opositor de todo movimiento independiente de los trabajadores:
“Al pasar por las viviendas de los obreros de las fábricas en Irish Town, Ancoats y Little Ireland, solo me sorprendía que fuera posible mantener un estado de salud razonable en tales hogares. Estos pueblos —pues por su extensión y número de habitantes son pueblos— han sido erigidos con