riqueza acumulada en manos de los capitalistas y de fuerza de trabajo humana concentrada en las grandes ciudades. El progreso se vio interrumpido, en efecto, como antes, por una crisis cada vez que transcurría una década, tanto en 1857 como en 1866 ; pero estas conmociones se consideraban ya acontecimientos naturales e inevitables, a los que había que someterse fatalmente y que al final siempre se arreglaban solos. > > “¿Y la condición de la clase trabajadora durante este período? Hubo una mejora temporal incluso para la gran masa. Pero esta mejora siempre se veía reducida al nivel anterior por la afluencia del gran ejército de reserva de desempleados, por el reemplazo constante de mano de obra por nueva maquinaria, por la inmigración de la población agrícola, ahora también cada vez más desplazada por las máquinas. > > “Solo se puede reconocer una mejora permanente en dos sectores ‘protegidos’ de la clase trabajadora. Primero, los obreros fabriles. La fijación por ley parlamentaria de su jornada laboral dentro de límites relativamente racionales ha restaurado su constitución física y los ha dotado de una superioridad moral, acrecentada por su concentración local. Sin duda, están mejor que antes de 1848 . La mejor prueba es que, de cada diez huelgas que realizan, nueve son provocadas por los fabricantes en su propio interés, como único medio de asegurar una producción reducida. Jamás se conseguirá que los patronos acepten trabajar a ‘tiempo parcial’, por muy invendibles que sean las manufacturas; pero lograd que los obreros se pongan en huelga, y los patronos cerrarán sus fábricas hasta el último hombre. > >
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Prefacio
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