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nydus/The Condition of the Working Class in EnglandPublic
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Inmigración irlandesa

La suciedad y la embriaguez también las han traído consigo. La falta de aseo, que no es tan perjudicial en el campo —donde la población está dispersa— y que constituye una segunda naturaleza para el irlandés, se vuelve aterradora y sumamente peligrosa debido a su concentración aquí, en las grandes ciudades.

El milesio deposita todos los desperdicios y la inmundicia ante la puerta de su casa, tal como estaba acostumbrado a hacerlo en su tierra, y de este modo acumula los charcos y montones de suciedad que afean los barrios de los trabajadores y envenenan el aire. Construye una cochiquera contra la pared de la casa, como hacía en su hogar, y si se le impide hacerlo, deja que el cerdo duerma en su propia habitación.

Este nuevo y antinatural método de cría de ganado en las ciudades es enteramente de origen irlandés. Al irlandés le gusta su cerdo como al árabe su caballo, con la diferencia de que lo vende cuando está lo suficientemente gordo como para matarlo. Por lo demás, come y duerme con él, sus hijos juegan con él, lo montan, se revuelcan en la suciedad con él, como puede verse mil veces repetido en todas las grandes ciudades de Inglaterra.

La suciedad y la incomodidad que reinan en las propias casas son imposibles de describir. El irlandés no está acostumbrado a la presencia de muebles; un montón de paja, unos pocos harapos, totalmente inservibles como ropa, le bastan para su lecho nocturno. Un trozo de madera, una silla rota, un viejo baúl como mesa, no necesita más; una tetera, unos cuantos pucheros y platos equipan su cocina, que es también su dormitorio y sala de estar. Cuando le falta combustible, todo lo inflamable a su alcance, sillas, jambas de puertas, molduras, tarimas, acaba yendo a parar a la chimenea. Por otra parte, ¿por qué habría de necesitar mucho espacio? En su patria, en su cabaña de barro, solo había una habitación para todos los

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