Los obreros están en constante competencia entre sí, al igual que los miembros de la burguesía entre ellos. El tejedor de telar mecánico compite con el tejedor de telar manual, el tejedor manual desocupado o mal pagado con aquel que tiene trabajo o está mejor pagado, intentando cada uno desplazar al otro. Pero esta competencia de los obreros entre sí es el peor aspecto del estado actual de cosas en lo que atañe a su efecto sobre el trabajador, el arma más afilada contra el proletariado en manos de la burguesía. * De ahí el esfuerzo de los trabajadores por anular esta competencia mediante asociaciones, * de ahí el odio de la burguesía hacia estas asociaciones, * y su triunfo en cada derrota
El proletario está desamparado; abandonado a su suerte, no puede vivir ni un solo día. La burguesía ha obtenido el monopolio de todos los medios de existencia en el sentido más amplio de la palabra.
Lo que el proletario necesita, solo puede obtenerlo de esta burguesía, protegida en su monopolio por el poder del Estado. El proletario es, por tanto, de derecho y de hecho, el esclavo de la burguesía, la cual puede decretar su vida o su muerte.
Le ofrece los medios de subsistencia, pero únicamente a cambio de un «equivalente» por su trabajo. Incluso le permite dar la apariencia de actuar por libre elección, de celebrar un contrato con su consentimiento libre y sin coacciones, como un agente responsable que ha alcanzado la mayoría de edad.
¡Hermosa libertad, en la que el proletariado no tiene otra opción que aceptar las condiciones que la burguesía le ofrece, o morirse de hambre, de frío, o dormir desnudo entre las bestias de los bosques! ¡Un hermoso «equivalente» valorado a placer por la burguesía! Y si un proletario es