darle vida con agujas. ¿Pero qué pasa con los años venideros? Si, como dicen los bioquímicos, la vida es solo un proceso químico muy complicado, ¿la diferencia entre la vida y la muerte podrá expresarse primero en una fórmula y luego encerrarse en una botella?
Esta es una carta de lo más alegre para escribirte, vieja amiga, en esta fausta ocasión, pero esta cuestión eterna de la vida y de la creación de la vida parece perseguirme, y al fin y al cabo no está tan alejada del problema del matrimonio.
Podemos transmitirla y continuarla, pero ¿qué es?
Dicen ahora que el universo es finito, y que solo hay una cantidad determinada de materia en él y nada más. ¿Pero obedece la vida a la misma regla, o puede surgir indefinidamente de lo inanimado?
¿Dónde estaba, cuando el mundo no era más que un polvoriento caos de gas en torbellino y cenizas? ¿Qué la puso en marcha? ¿Qué le dio el impulso, la inclinación, para rodar de manera tan incesante y tan excéntrica?
Mirar hacia adelante es fácil: la inercia final, cuando al átomo desintegrado se le haya sacudido hasta el último átomo de energía; cuando los relojes se detengan y la flecha del tiempo no tenga ni punta ni astil; ¡pero el principio!
Una cosa es cierta. Si empiezo a pensar así, no volveré a escribir otro éxito de ventas. ¡Dios nos libre de la especulación gratuita! Nuestros propios asuntos inmediatos son tan importantes como los amores de los electrones en este universo de inmensidades infinitesimales, y por lo que a nosotros respecta. …
[El resto de esta carta, al ser de índole muy íntima, no está disponible.]