contrario. > «Entonces no sirve de absolutamente nada que lo niegue, ¿verdad?», dijo con frialdad. «Absolutamente de nada —dije—. ¿Se va de la casa ahora mismo o prefiere que lo echen a patadas?». «Si lo plantea así —dijo—, creo que causará menos revuelo en el vecindario si me voy por mi
Le di media hora para que estuviera fuera de la casa, y él respondió que le venía muy bien, y tuvo la desvergüenza de pedir usar nuestro teléfono para pedir un taxi. Le dije que no lo quería en nuestra parte de la casa bajo ningún pretexto.
«Ah —dijo él—, entonces tal vez sea tan amable de pedir el taxi usted misma».
Lo hice, para no darle ninguna excusa por la que quedarse rondando por el lugar, y se largó.
De camino a las escaleras, dijo en un tono más apagado: «Mire, Harrison. ¿No quiere creer que todo esto es un error?». Le mandé que larguera de la casa antes de llamar a la policía, y se fue sin decir una palabra más.
Todo esto nos ha disgustado muchísimo. Solo doy gracias de que no haya tenido peores consecuencias. Margaret dice que él nunca antes le había faltado al respeto, y la creo; pero, recordando el asunto, puedo rememorar ocasiones en las que el tono de su conversación no me ha terminado de gustar. Es un hombre demasiado experimentado en este tipo de cosas, sin embargo, como para haber mostrado sus cartas mientras yo estaba presente. Solo siento que nuestra amistad con el joven Lathom, a quien todos apreciamos tanto, haya dado lugar a este desagradable incidente.