Lo mismo al mismo
15a, Whittington Terrace, Bayswater 8 de octubre de 1928
Querido viejo Bungie, viejo amigo—
¡Muy bien, maldita sea, no! No quiero tiranizar ni sentar cátedra. Sigue a tu manera, hija mía, y no me hagas ningún caso. Comprendo perfectamente lo que dices sobre dar las cosas por sentadas; así que lo dejaremos bien claro para futuras orientaciones: aunque yo siempre tengo razón, no debo serlo nunca ex officio y por el hecho de ser hombre y marido. Sin duda resulta irritante. No lo había mirado exactamente desde ese punto de vista, pero es posible que haya algo de cierto en ello. Firmado: Chimpancé, el simio casi humano.
Haciendo un esfuerzo enérgico por adoptar este punto de vista femenino, empiezo a preguntarme si mi vecino toma el camino adecuado para afirmar su posición de cabeza de familia. Me imagino que debe haber leído en alguna parte que a las mujeres les gusta que las traten con rudeza, sentir la mano firme en las riendas y cosas por el estilo. Desgraciadamente, la naturaleza no lo diseñó para el papel de jeque, ya que lo hizo pequeño, seco y un poco calvo en la coronilla.
Íbamos a salir a cenar a casa de Lambert la otra noche y esperábamos un taxi en el vestíbulo, cuando entró la señora H., un tanto alterada y muy mojada. Estaba colgando su impermeable, cuando Harrison salió precipitadamente al descansillo y gritó hacia abajo:
—¿Eres tú, Margaret? ¿Sabes qué hora es?
“Lo siento, no tardaré ni un momento”.