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nydus/The Documents in the CasePublic
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Declaración de John Munting [Continuación]

la muerte, y que empezaba por el cuello y la mandíbula para extenderse a las extremidades y al tronco, desapareciendo en el mismo orden, tras un intervalo que no lograba recordar. Me armé de valor para volver con Harrison y tocarlo de nuevo. La mandíbula estaba rígida; las extremidades, todavía bastante flexibles. Me pareció entonces que debía de haber muerto en algún momento de aquella mañana. No recordaba con exactitud en qué tren había dicho Lathom que había venido a la ciudad, pero, supuestamente, fuera cual fuese la hora, había dejado a Harrison sano y en forma. Se acercaba la medianoche del sábado. Supongamos que Harrison llevaba muerto seis horas; ¿y qué? No tenía ni idea de cuánto tardaba en hacer efecto el envenenamiento por hongos —si es que era envenenamiento por hongos—. Supuestamente, dependería de la cantidad ingerida y del estado del corazón de la víctima.

¿Qué comida era aquella cuyos restos yacían sobre la mesa? Miré en el armario. Dentro había una gran hogaza de pan casero, sin cortar. Sobre la mesa había otra de la cual parecía haberse cortado un par de rebanadas más o menos. Jueves, viernes, sábado, domingo. Si dos hogazas representaban la ración de cuatro días antes de que el carnicero volviera a pasar, la deducción era que la última comida se había hecho en algún momento del jueves. Supongamos que Harrison se había acabado la vieja hogaza el jueves por la mañana, los restos probablemente correspondían a la comida o a la cena de ese jueves. El armario también contenía una libra más o menos de jarrete de ternera, todavía en el papel

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