No le digas que te he escrito, pues no es algo agradable de hacer y, naturalmente, no me apetece escribir ni hablar de ello en detalle.
Pero pregúntale por qué lo echaron de la casa y no creas las excusas que ponga, porque todos aquí saben la verdad y podrían contarla si fuera necesario.
Ahora, por tu propio bien, presta atención a lo que te digo y no vuelvas a saber nada de ese hombre repugnante.
Sé que no obtendré ningún agradecimiento por cumplir con mi deber, pero en este mundo no hay que esperar gratitud. Ya se me ha privado de mi sustento y se me ha hecho sufrir una persecución mental y financiera por culpa de este hombre.
Sin embargo, no guardo rencor, y sigo
Su sincera admiradora,
Agatha Milsom