Lo mismo al mismo
15, Whittington Terrace 18 de julio de 1929
Cariño, cariño,
¡Apenas sé cómo respirar de alegría! ¡Saber que voy a verte, a oír tu querida voz, a tomar tu mano de nuevo!
Me oyó cantar en la cocina esta mañana y me preguntó qué estaba vociferando. Me habría gustado decírselo. Piensa en su cara si le hubiera dicho: «¡Mi amante vuelve a casa y canto de alegría!».
Dije humildemente que sentía si le molestaba, y él respondió con su habitual cortesía que a él no le importaba si me gustaba escuchar el sonido de mi propia voz, pero que la muchacha probablemente pensaría que estaba loca. Dije que no me importaba lo que la muchacha pensara de mí, y él contestó: «Ese es precisamente tu problema. No te importa. Estás en las nubes».
¡Así es—así es! ¡Justo por encima de las nubes, querida Petra, arriba en la luz dorada del sol, donde nada puede tocarme. Tiene toda la razón por una vez, aunque no lo sepa.
Querido, debemos tener mucho cuidado cuando vengas. No sé cómo me apañaré para apartar la felicidad de mis ojos y de mi voz. Pero él no se dará cuenta; nunca se percata de cómo me siento. Además, te acaparará con su precioso libro. Por fin ha salido a la luz, y anda cacareando como una gallina que acaba de poner un huevo. La gente me dice: «Así que su marido ha escrito un libro, señora Harrison. Qué listo es. ¡Imagínese a un hombre que sabe tanto de cocina!