John Munting a Elizabeth Drake
15a, Whittington Terrace 28.10.28
Querido Bungie,
Solo unas líneas para decirte que me voy a Oxford a pasar una semana o dos con los Cobb. Es sencillamente imposible trabajar aquí en este momento; el criadero de hombres de la planta baja nos invade todo el día. Es la última vez que se me ocurre montar casa con un tío al que solo conozco de la época del colegio y de algún restaurante. Desde luego, es útil económicamente, pero, ¡maldita sea!, el dinero no lo es todo, ni siquiera cuando uno espera casarse. Lathom se empeña en ser un rayito de sol por toda la casa. Maldito sol. Si no se hubiera dedicado a agitar los átomos, perfectos y apacibles, en el cieno primigenio, jamás habríamos sudado en este insatisfactorio mundo de vida y fastidios.
La gran idea ahora es pintar un retrato de la señora Harrison como una sorpresa para cuando regrese Harrison. Conociendo el estilo de Lathom, diría que para él será una grandísima sorpresa, la verdad. Probablemente sea una obra muy buena —el hombre sabe pintar—, pero ojalá pudieran avanzar con ello tranquilamente por su cuenta y dejarme en paz. Esa vieja venenosa se meté aquí todo el tiempo. No me atrevo a salir de mi propia habitación ni un minuto sin que me agarren del cuello y me hagan alguna pregunta estúpida. Impertinente vieja de mierda. Además, es una mujer peligrosa. En el lugar de Harrison, yo la echaría a patadas. Ayer tuvo el maldito descaro de colarse en mi habitación detrás de mí y preguntar de quién era esa fotografía sobre mi mesa, ¿que si era la de mi novia formal? Dije que no, que era la de mi antepenúltima o cuarta amante anterior, había perdido la cuenta. (Era la de Brenda, a decir