si no me crees». La señora Harrison dijo que no podía preguntarle al profesor Alcock, porque nunca lo había visto, y que por qué el señor Harrison no traía a veces a alguien interesante a la casa. Eso pareció molestarle, aunque a mí me pareció muy atinado, pero, como solo soy un subordinado a sueldo, dije dócilmente que todos teníamos derecho a nuestras propias opiniones.
Así que sonrió con sarcasmo y dijo que tal vez algunos de nosotros estábamos más cualificados para juzgar que otros, y que el Sunday Press no era siempre la mejor guía para el conocimiento.
«Pero usted lee los periódicos», dijo la señora Harrison.
«Cuando me dan la oportunidad», dijo él.
Si yo hubiera estado en el lugar de la señora Harrison, me habría tomado como advertencia la forma en que sacudía The Times, pero no se le pueden