haciendo los experimentos de cocina natural que le interesaban. También pintaba a la acuarela. A la vuelta del señor Lathom a Inglaterra, en octubre, el señor Harrison le había sugerido que se le uniera en su residencia de The Shack. Habían bajado allí juntos el sábado 11 de octubre y habían pasado unas vacaciones muy agradables.
El Forense: ¿Podría explicar los arreglos hechos con respecto a la obtención de suministros de comida y demás?—Pan, carne y verduras eran traídos, cuando se necesitaba, por el transportista, que pasaba los lunes y jueves, y tomaba los pedidos para su siguiente visita. En La Cabaña se guardaba una provisión de comida enlatada, incluida leche condensada. No había reparto de periódicos. Las cartas se iban a buscar a la oficina de correos de Manaton cuando alguien pasaba por allí caminando, o las traía el transportista en sus visitas.
¿Quién hacía la cocina y las tareas de la casa?—Compartíamos el trabajo de lavar los platos, acarrear leña y demás. El señor Harrison se encargaba de toda la cocina. Era un cocinero de primera clase.
¿Acaso complementó la carne fresca y enlatada y demás con lo que podríamos llamar experimentos de dieta natural?—Ah, sí. Una noche comimos erizo chamuscado, por ejemplo. (Risas.)
¿Fue bueno?—Estuvo delicioso. (Risas.)
“Nunca comí ningún hongo venenoso”
El Forense: ¿Erizo—fue ese el único plato poco convencional que vio preparar?—No. En dos o tres ocasiones, el señor Harrison recolectó hongos de diversas clases y los comió en el desayuno o en la cena.
¿Incluían estos hongos el champiñón ordinario del comercio?—En una ocasión, sí.