tan bonita como los hongos rojos, pero igual de buena para darte dolor de tripa.
—Eso es muy interesante, ¿verdad? —dijo Munting.
—Mucho —dije. Me temblaba un poco la mano al tomar el frasco de manos de Leader. Era un tarro de vidrio achaparrado y de boca ancha, medio lleno de un polvo blanquecino y claramente etiquetado como «Muscarina (Sintética) C 5 H 15 NO 3».
—Es bastante mortal, supongo —añadí, con la mayor despreocupación que pude fingir.
—Bastante —dijo Leader—. No tan potente como lo natural, creo, pero bastante desagradable. Una cucharadita te arreglaría bien el asunto y todavía sobraría un poco para el perro. Síntomas agradables. Náuseas, ceguera, delirio y convulsiones. —Le sonrió cariñosamente a la frasca—. ¿Te apetece probar un poco? Tómalo con un poco de agua y el impuesto sobre la renta no volverá a molestarte.