Una botella de güisqui y un vaso fueron hallados debajo de la cama.
Como no hay comunicación telefónica entre The Shack y Manaton, el señor Lathom se vio obligado a ir a pie para pedir ayuda.
El dueño de la posada de Manaton llamó por teléfono a la comisaría de policía de Bovey Tracey. El sargento Warbeck, que recibió el mensaje, se puso en contacto inmediatamente con el doctor Hughes y se dirigió en el coche del médico al escenario de la tragedia.
El Forense: ¿Era el señor Harrison un hombre de disposición alegre? —Era un hombre reservado, de gustos y comportamiento tranquilos en general, aunque sujeto a ocasionales arrebatos de irritación por naderías.
—Durante el tiempo que estuvo con usted en El Refugio, ¿pareció tener algo en mente?—Cierto que no: estaba de muy buen humor.
En su opinión, ¿no era un hombre propenso a atentar contra su propia vida?—Ni mucho menos. Estaba convencido entonces, y lo sigo estando, de que su muerte fue un puro accidente, debido a unos hongos que había comido.
¿Le causó una gran sorpresa?—Bueno, por supuesto, me impactó y me alteró muchísimo, pero al pensarlo bien—no, no puedo decir que me haya sorprendido gran cosa.
El Dr. Hughes declaró que había examinado el cuerpo de Harrison y que había llegado a la conclusión de que, cuando lo vio alrededor de la 1:30 a. m., el difunto llevaba muerto siete u ocho horas.
Había mandado trasladar el cuerpo a Bovey Tracey con el fin de realizarle una autopsia. En colaboración con la policía, había enviado ciertos órganos, porciones de ropa de cama y restos de comida para su análisis químico.