Como ves, estoy aquí abajo en la vieja cabaña pasando mis vacaciones de costumbre. Me vi obligado a tomarlas bastante tarde este año, ya que no podían prescindir de mí en la oficina hasta que termináramos con la nueva central eléctrica. Sin embargo, el tiempo acompaña por fortuna muchísimo, y he podido hacer bastantes bocetos además de buscar setas por los alrededores. Eché de menos a nuestro viejo amigo el tuesas, Lycoperdon giganteum, por supuesto, pero ayer recogí un plato precioso del pequeño Agaric amatista, y mañana por la mañana saldré en busca de Amanita rubescens, que tengo intención de probar muy lenta y delicadamente estofada en caldo de ternera, o en una falsa salsa de carne de Fistulina hepatica, si encuentro uno en buen estado. No sé si alguien habrá probado alguna vez esta combinación de dos hongos. Si resulta un éxito, daré la receta en el pequeño libro que estoy escribiendo sobre Tesoro comestibles olvidados. Los señores Hopkin & Bigelow están interesados en mi «opérculo» y creo que más bien tienen la intención de publicarlo.
Siento que no estés aquí para ir a buscar setas conmigo. A Margaret, por supuesto, no le gusta este tipo de vida de campamento —no podría esperarlo de alguien tan urbanita como ella—, así que por ahora me he he visto obligado a convertirme en un viejo solterón. Espero que el joven Lathom salga conmigo a veces a hacer excursiones de dibujo. Me parece un muchacho muy decente y simpático, y es muy agradable tener a otro artista en el lugar con quien intercambiar ideas. Entra y sale de nuestro piso con frecuencia por la tarde, y siempre nos alegra verle. Su charla animada parece divertir a Margaret, y es lindo tener algo de juventud por aquí. No vemos tanto a su amigo Munting. Es reservado y callado, y habla con bastante modestia, aunque creo que ha escrito un libro de poesía muy subida de tono y una novela más bien salaz. Margaret dice que le disgusta su actitud sarcástica, pero no puedo decir que me haya parecido censurable en modo alguno. La señorita Milsom parece haberse ofendido por algo que le dijo, pero al fin y al cabo no es una mujer particularmente sensata. Nada de lo que le diga logrará evitar que ponga