cuatricromía. Lathom y yo sufrimos horrores por este abominable hongo, y al final nos vimos obligados a salir a ahogar el recuerdo en Guinness.
Aun así, hago todo lo posible por ser servicial, porque soy la única persona que puede comprender los intereses de Harrison, y la verdad es que ha escrito una obrita muy entretenida, llena de datos curiosos y rebuscados, fragmentos de sabiduría rural y recetas y cosas estrafalarias a la antigua. Debe de haber aprovechado de manera extraordinaria sus vacaciones, y no hay planta ni animal en todo el país aptos para el consumo sobre los cuales no lo sepa absolutamente todo. Ha reunido una colección maravillosa de diarios botánicos, que deberían de tener un valor científico considerable, y aporta una mentalidad verdaderamente académica a su tema poco académico. Sus acuarelas, aunque demasiado rígidas si se consideran como cuadros, resultan bastante atractivas como ilustraciones de libros, y sus dibujos de plantas y hongos son de una precisión hermosa tanto en el trazo como en el color; mucho mejores que lo que uno encuentra en los manuales habituales. Y, a decir verdad, las caprichosas arbitrariedades del proceso de cuatricromía —nota del trad.: tres colores en el original— bastan para poner irritable a Job. Le sugerí que tomara como lema para el libro aquella famosa errata de la Biblia: «Los impresores me han perseguido sin causa», lo cual le hizo gracia.
Aprovechándome de mi posición de guía y mentor literario, lo he persuadido (con un tacto colosal) para que permita exhibir el famoso retrato. Llegamos a eso a través de la cocina, por extraño que parezca. Dije que la cocina era en realidad un arte creativo muy importante, que no se comprendía debidamente en este país, ya que se dejaba principalmente en manos de mujeres, las cuales no suelen ser (perdón, Bungie) muy creativas por regla general.
Eso condujo a una discusión general sobre el Arte, y el anhelo que todo artista creativo siente de obtener una respuesta pública a su arte.