El Picasso está sobre la chimenea del estudio y el jarrón famille rose está en mi salita, al igual que los aguafuertes. Le dan a mi entorno un aire de hombre de letras de lo más distinguido. Ojalá pudiera librarme de esta maldita Life y volver a lo mío, pero me pagan demasiado bien por ello, ahí está la cruz del asunto. No importa; haré como que soy el Aprendiz Industriozo, que trabaja duro para poder casarse con la hija de su maestro.
Me alegra que el libro parezca ir saliendo adelante de manera amistosa.
Por el amor de Dios, sin embargo, no te excedas con la parte psicoanalítica. No es tu estilo natural. No escuches a esa mujer, a esa Challenger, y escribe tus propias cosas.
El otro género requiere estar escrito (perdóname) rematadamente bien para que valga la pena, y aun así resulta bastante soporífero y anticuado. Las glándulas, hija mía, las glándulas son lo que importa, como diría Barrie. Las influencias prenatales y los miedos infantiles ya pasaron de moda, como el griego obligatorio.
A Don who encountered a Maenad Was left with less wits than the Dean ’ad; Till the Dean, being vexed by a Gonad, Was left with less wits than the Don ’ad: This shows what implicit reliance We may place on the progress of Science.
A propósito de la ciencia, me he quedado de una pieza con el libro de Nicholson sobre The Development of English Biography (El desarrollo de la biografía inglesa). Según él, la biografía «pura» está condenada, y vamos a tener la «biografía científica», que a fin de cuentas resultará destructiva para el interés literario. No va a haber nada más que estudios sobre la herencia y las secreciones endocrinas, economía y estética, y demás; todo ello especializado y condenado al infierno. Aquí es donde me bajo: solo espero que esta obra infernal logre publicarse antes de que cunda la podredumbre. ¡Así que de vuelta al tajo, señor Keats!