punto de vista y todo eso. ¿Te los mando?
Le dije que era muy amable por su parte (sin esperar gran cosa de aquello) y, a modo de broma, le pregunté qué opinaba de la relatividad.
“Pues la verdad, le estoy bastante agradecido —dijo él—; me facilita mucho el trabajo. Ya charlaremos un día de estos y lo profundizamos. Ahora tengo que marcharme”.
Se esfumó con competente eficiencia, y la fiesta siguió divagando hasta que no pude soportarlo más y salí divagando al pasillo, donde me encontré con Harrison.
—¡Hola! —dijo él—, ven a fumar una pipa al estudio. Y un whisky con soda o algo así. Mejor que el té.
Entré esperando que me hablara de Arte, pero no lo hizo. Se quedó allí sentado fumando en silencio e hice lo mismo. Se me ocurrió que debía decirle algo, pero no se me ocurrió nada. Si le hubiera dicho lo que tenía ganas de decirle, se habría enfadado conmigo.
Y tanto con la vida social en las afueras. El miércoles recibí una carta de Jim. Está disfrutando de lo lindo en Alemania y me pide que te mande saludos. Está estudiando a conciencia —o eso dice— y más le vale, el cachorro, porque si suspende sus exámenes no hay dinero para darle otro año allí y tendrá que ir de aprendiz de boticario o algo parecido. Aún no he visitado a Cynthia ni a los Brierley, pero haré de tripas corazón y lo haré en breve.
Un abrazo a todos. Ojalá estuviera allá arriba en el norte con ustedes entre los arroyos y los pájaros. Dale un abrazo al Jefe de mi parte. ¿Ha tenido buena pesca?