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nydus/The Documents in the CasePublic
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Declaración de John Munting

Tenía sus propios medios de autoexpresión: la acuarela y la cocina.

Fue su desgracia que en lo primero fuera débil, convencional y sentimental, y que solo se mostrara audaz y libre en lo segundo. Creo, en efecto, que toda la imaginación que poseía se volcaba en la composición de salsas y condimentos.

Es sin duda digno de investigarse si la cocina no es una de las más sutiles y rigurosamente intelectuales de las artes; de lo contrario, ¿por qué sus manifestaciones más refinadas atraen tan poco a las mujeres y solo lo hacen en los hombres durante su madurez más tardía y equilibrada?

A diferencia de la música, la poesía o la pintura, la comida no suscita ninguna respuesta en la juventud apasionada y emocional. Solo cuando se acalla la marea de la sangre, la gastronomía entra en su pleno derecho junto con la filosofía, la teología y los deleites más severos de la mente.

Si Harrison hubiera alcanzado gran notoriedad pública con algo, ella habría podido comprenderlo y pavonearse feliz como la esposa de un famoso. Pero era incapaz de percibir los claroscuros.

Al principio me parecía increíble que Lathom tuviera tanta paciencia con Harrison. Lathom es un bárbaro con la comida y magníficamente intolerante con la mala pintura. Las pamplinas sobre el Arte y la Atmósfera no duraban nada con él. Sin embargo, dejaba que Harrison lo aburriera hasta la saciedad con sus chácharas y sus rinconcitos pintorescos. Harrison, en verdad, lo trataba con una deferencia halagadora en un hombre de su edad, pero bajo circunstancias ordinarias eso simplemente habría enfurecido a Lathom, quien, haciéndole justicia, no es ningún león de salón. No era que Harrison aportara la réplica que yo daba con tanta torpeza. Con el tiempo lo comprendí, aunque tuve mis razones egoístas para

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