John Munting a Elizabeth Drake
15a, Whittington Terrace, Bayswater 17.2.29
Querido Bungie,
¡Ya has visto las críticas, por supuesto! ¡Santísimo cielo y alma, qué le ha pasado a la gente! Por supuesto, todo empezó por culpa de aquel imbécil en el Guildhall (no sé por qué los ministros del gabinete tienen que ser hoy en día los únicos que logran que le a uno a uno sus libros)—pero, ¡ay, mis entrañas e hígado! ¡Ay, caramba, caramba! ¡El tonto de remate del público general está entrando a borbotones en las tiendas en flor y comprando el trasto! Pagando por el trasto. ¡Soltando sus muy ganadas siete y seis peniques por él! Dios nos ampare—¿qué he hecho yo para convertirme en un superventas? ¿Acaso es tu siervo un perro carroñero para hacer tal cosa?
Primera edición agotada. Las rotativas sacando nuevas tiradas día y noche—Merritt casi loco perdido y diciendo: «Ya te lo dije yo».
¡Autor sonrojado asediado en su encantador piso de Bayswater (!!!!)—¡Cuatro agencias de prensa, dos anfitrionas literarias y un domador de leones estadounidense se están disputando a codazos el notable retrato del autor sonrojado obra de ese brillante joven artista, el señor Harwood Lathom (hecho en un arrebato de aburrimiento una tarde en que no había aparecido el modelo)!
¡Viento en popa a toda vela!
Súplicas reptantes, de editores que rechazaron a Hércules, pidiendo el contrato de aquí a siete, y el Wail, el Blues, el Depress y todos los rotativos sensacionalistas dominicales