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nydus/The Documents in the CasePublic
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Declaración de John Munting

negarme a verlo. La señora Harrison era el prisma radiante para la brillantez de Lathom, y Lathom utilizaba a Harrison para ese fin tan despreocupadamente como en los viejos tiempos había utilizado los tenedores para tostar de los prefectos. Vio la herramienta a su alcance y la tomó, sin vergüenza y sin remordimiento.

He consignado todo esto tal como lo vi, sin consideración por los sentimientos de nadie. Es inútil culpar a la gente por sus peculiaridades de carácter.

En su momento no intervine porque, a decir verdad, estaba trabajando duro y metido en mis propios asuntos, y no quería que me molestaran con las cosas de Lathom. Además, me ufanaba un tanto de mi desapego cínico en tales asuntos.

Visto lo visto, me habría ido mucho mejor si hubiera mantenido ese alegre egoísmo hasta el final. El no haberlo hecho se debió de nuevo al sentimentalismo y al espíritu de internado, y me avergüenzo sinceramente de ello.

Supongo que debo decir algo sobre la señora Harrison. Es difícil, porque a la vez la comprendía y me desagradaba. Precisamente porque a ella no le servía para nada, yo tenía la suficiente distancia para ver a través de ella. No poseo la soberbia y centralizada autoconfianza que podría despojar de colores a su prisma. Vuelvo a esa imagen porque la expresa con mayor precisión que cualquier descripción. Mi difusión la dejaba convertida en vidrio muerto. Pero con la concentración de Lathom, ella brillaba. Él le otorgaba el color y el esplendor que su alma dramática anhelaba. Ella se veía ataviada con todo el radiante brillo que deslumbraba sus ojos semicultos en las apasionadas páginas de Hichens y de Vere Stacpoole.

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