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nydus/The Documents in the CasePublic
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24. George Harrison a Paul Harrison

recuerdos de París son muy antiguos y supongo que todo ha cambiado muchísimo.

Me alegró mucho saber que su trabajo avanzaba tan bien y que su actuación en el asunto del hombre al que despidió fue aprobada. La indulgencia en un caso así siempre es un error, como he descubierto por amarga experiencia.

Nos va mejor por aquí de lo que en realidad teníamos derecho a esperar dadas las actuales circunstancias de depresión. Pienso que conseguiremos el contrato para la Central de Alta Potencia de Middleshire. De ser así, eso significará un gran trabajo, el cual probablemente me aleje de Londres en la primavera.

Realmente me pregunto si, antes de que esto suceda, no debería tomar algunas medidas para reemplazar a la señorita Milsom por alguien que sea una compañera más adecuada para Margaret. La señorita Milsom siempre me ha parecido una mujer muy latosa, y últimamente se ha estado volviendo insoportable. Consulta a esos charlatanes del psicoanálisis, que la animan a conceder una importancia absurda a sus caprichos y sentimientos, y a hablar abiertamente en la mesa sobre cosas que, en mi (sin duda anticuada) opinión, solo deberían mencionarse a los médicos. Además, es muy perezosa y desordenada y, en lugar de concentrarse en las faenas de la casa, llena aquello de lana y trozos de papel que llama «materiales de arte», me pide prestadas las pinturas y se olvida de devolverlas. No hay nada malo, por supuesto, en que haga labores de costura y calendarios, si eso no interfiere con sus obligaciones, pero a menudo ha sido muy impertinente cuando he tenido ocasión de hablarle sobre la comida insatisfactoria. Lathom la ha estado retratando; una obra muy ingeniosa, desde luego, pero parece habérsele subido por completo a la cabeza.

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