Lo mismo al mismo
6 de junio de 1929
Petra, mi adorado, mi querido, mi muy querido hombre,
Oh, amor mío, ¿no es terrible ver llegar el verano y sentirse tan invernal y sola? Tus cartas han sido de ayuda, ¡pero qué no daría por ti misma, por la verdadera tú!
Me volverás a decir que no te digo la verdad. Que en realidad no te amo porque no quiero renunciar a ser convencional y respetable y marcharme contigo, pero no es eso, querida Petra.
Tú piensas, a tu manera entrañable e impetuosa, que todo sería muy fácil, pero en realidad no lo sería, querida. Piensas eso porque eres un hombre, y no consideras lo horrible que sería, día tras día, toda la sordidez y los problemas. No sería justo hacerte pasar por todo eso.
Incluso si él me dejara marchar —lo cual, por supuesto, no haría, porque es muy egoísta—, sería una miseria larga y prolongada. Sé lo horrible que es porque conozco a una mujer que consiguió el divorcio. Por supuesto, su esposo cargó con toda la culpa, pero fue una época miserable para todo el mundo, y ella y su amigo tuvieron que irse muy lejos, y él renunció a su puesto, un puesto muy bueno, y ahora viven en un lugar bastante marginal, de alquiler, y a veces ni siquiera tienen suficiente para comer.
De todos modos, la Gorgona nunca consentiría en que me divorciara de él, porque se enorgullece de ser muy virtuoso y decente, y probablemente tendría que dejar su bufete o algo así. Jamás haría eso. Piensa más en su