Lo mismo al mismo
15a, Whittington Terrace, Bayswater 1 de febrero de 1929
Bungie, mi vida,
¿Qué, en el nombre de Dios, vas a hacer conmigo si me pongo celoso y desconfiado? ¿O yo contigo, si se da el caso?
Te pregunto esto con maldita y sobria seriedad, vieja mía. Tengo el asunto justo ante mis ojos aquí, y sé perfectamente que ningún acuerdo y ninguna promesa hechos antes del matrimonio resistirán ni un solo instante si a cualquiera de los dos se le mete ese bicho feo en la sangre.
¿Recuerda —hace meses— que le conté un alegre y breve diálogo matrimonial que tuvo lugar junto al paragüero? Esta noche hemos tenido el placer de escuchar cómo el asunto pasaba a la siguiente etapa.
Harrison tuvo la brillante idea de invitarnos a cenar a Lathom y a mí para probar su manera especial de freír pollo. Bien, allí estábamos todos: la señorita Milsom terriblemente juguetona con una prenda que ella misma había bordado con arabescos persas («No sé qué significan, ya sabe, señor Munting. ¡Probablemente algo terriblemente indecente! Los copié de una alfombra»). Harrison, que no permite que nadie penetre en «su» cocina cuando está creando una obra maestra, freía que te freías en medio de un fuerte olor a ajo. ¡Sin rastro de la señora Harrison! Conversamos furiosos; entra H., echa una mirada sombriza a su alrededor y vuelve a desaparecer.
Cuento los objetos de la repisa de la chimenea: dos candeleros de latón, aldaba de latón que representa al diablillo de Lincoln, dos conos de