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nydus/The Documents in the CasePublic
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Declaración de John Munting [Continuación]

las cosas. Le daré la dirección a la que deben ser enviadas. Sir James Lubbock, el analista del Ministerio del Interior; aquí la tiene, y se asegurará de que le telefonéen para que los espere, ¿verdad?

—Sí, señor.

—¿Qué hará usted, sargento? ¿Mantener el fuerte aquí hasta que manden a alguien a relevarle?

“Sí, señor. El superintendente estará aquí muy pronto, señor, eso espero. Lo han llamado”.

“Muy bien. Más vale que me vaya ahora. Me reclaman para un caso de parto. Me encontrarán en la finca de los Forbes si me necesitan. Menos mal que no había salido. No supongo ni por un momento que vaya a pasar nada en horas, pero es su primer hijo y, como es natural, están inquietos. Si no llego allí pronto, nacerá antes de la llegada del médico, por pura cabezonería, y no dejarán de echármelo en cara. Bueno, buenas noches. Siento no poder llevar a nadie, pero voy en dirección contraria”.

Se apresuró a salir, y oímos su coche alejarse traqueteando por el camino. El sargento comentó que era un asunto turbio en todos los sentidos, y sugirió que debía tomar nota de lo que Lathom y yo podíamos contarle. Encontré unos leños en el cobertizo y los amontoné en el fuego hasta que rugió chimenea arriba. Cada vez más empezaba a sentir que aquello era una escena de un libro; no se parecía en nada a la vida real. Era —diablos— era casi acogedor. Habría terminado, creo, por casi disfrutarlo —la voz del sargento arrullando como el canto de una torcaz gorda, el fulgor rojizo sobre su cara redonda, el

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