Cutts se haya quedado con las cartas y lo esté chantajeando por cuenta propia. O tal vez le haya enviado su advertencia, y él haya destruido las cartas y se crea (según imagina) a salvo. En este último caso, desde luego, será imposible presentar los documentos originales en el tribunal, y entonces las copias certificadas justificarán su existencia.
Habiendo conseguido las pruebas del adulterio, me sentí en condiciones de presionar a Munting y, en consecuencia, fui a verlo nuevamente.
—Comprendo perfectamente —dije—, los motivos de su silencio en nuestra última entrevista. Pero si le digo que tengo en mis manos pruebas independientes de que Lathom era el amante de Margaret Harrison, tal vez se sienta con justificación para ayudar en mis pesquisas.
Se encogió de hombros.
“Querido amigo —dijo—, si ya tiene pruebas, no veo qué ayuda necesita. ¿Puedo preguntarle qué llama usted prueba? Al fin y al cabo, uno no hace estas acusaciones sin motivos suficientes”.
—Tengo escritas las cartas para Lathom de parte de mi madrastra —dije—, y no dejan la cuestión en duda alguna.
—¿De verdad? —dijo él—. Bueno, no le preguntaré de dónde los ha sacado. El trabajo de detective privado no es lo mío. Si de verdad cree que su padre se vio llevado al suicidio, lo siento enormemente; pero ¿qué se puede hacer al respecto?
—No lo creo —dije—. Creo, y estas cartas me ofrecen pruebas contundentes, que mi padre fue asesinado de manera cruel y premeditada por Lathom por instigación de Margaret Harrison. Y tengo la intención de demostrarlo.