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nydus/The Documents in the CasePublic
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Declaración de Paul Harrison

—¿Incluso hasta el punto de sacrificar su reputación como entendido en hongos? —interrumpió ella con una sonrisa desagradable.

—Hasta eso —respondí—. Muy bien te reías de él; jamás te importaron sus intereses; no los entendías; no entiendes absolutamente nada y no te importa nada que no sean tus emociones de medio pelo.

—De esto sí estoy segura —dijo con firmeza—, de que si tu padre hubiera pensado que yo deseaba librarme de él —cosa que no pensaba, porque tenía demasiado buena opinión de sí mismo—, pero de haberlo pensado, se habría asegurado de que no me deshiciera de él sin armar un escándalo. Le encantaba armar escándalos. No me habría facilitado las cosas. No habría perdido la oportunidad de restregármelo por la cara.

Su expresión era tan fea y vulgar como sus palabras. Sentí que no podría controlarme mucho más tiempo y que hacía mucho mejor en irme.

—Repito —dije—, que usted nunca comprendió a mi padre, y nunca lo hará. No está en su naturaleza. No creo que sirva de nada prolongar esta discusión. Será mejor que me vaya. ¿Puede darme la dirección del señor Munting?

Esperaba haberla asustado con aquella repentina pregunta, pero ella solo pareció levemente asombrada.

—¿El señor Munting? Estoy segura de que no lo sé. Solo le he visto una vez desde que se casó, y fue en la Real Academia. Y en la—la investigación judicial, por supuesto. Creo que vive en Bloomsbury en alguna parte. Supongo que estará en la guía telefónica.

Le di las gracias y me despedí. ¡Casada! A mi padre nunca se le había ocurrido mencionar tal cosa. Trastornó todas mis ideas. Porque, si Munting estaba casado, ¿qué objeto habría podido tener el suicidio de mi padre —o asesinato, fuere lo que fuere—? Su muerte no habría acercado

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