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nydus/The Documents in the CasePublic
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Declaración de Paul Harrison

ojos durante la visita de Lathom a la ciudad, o de lo contrario aquella otra sospecha, más siniestra, a la que apenas me había atrevido a mirar, estaba más que fundada.

Soy un hombre de negocios. Tengo la afición del hombre de negocios por los hechos. Para mí, el conocimiento de un experto es un hecho.

Los expertos cometen errores ocasionalmente, pero me parece mucho menos probable que un experto se equivoque a que un artista y una mujer carezcan de principios. Y no puedo dejar suficientemente claro que el conocimiento experto de mi padre en el asunto de los hongos era digno de confianza.

Arriesgaría mi vida tan alegremente por la salubridad de un plato preparado por mi padre como por la estabilidad de la tensión en una viga calculada por mi jefe, Sir Maurice Berkeley. Pero no me arriesgaría a apostar ni un billete de cinco libras por la honradez o la virtud de gente como Lathom y Margaret Harrison.

Pero para probar la verdad de mis sospechas, necesitaba más datos⁠: el tipo de datos que un jurado aceptaría. Para ellos, el conocimiento de los hongos que tenía mi padre no sería un dato en absoluto.

Le di vueltas al asunto en la cabeza y al fin llegué a la conclusión de que, me gustara o no, tenía que ver a la mujer Cutts. Esperaba que viniera a verme, pero pasaron varios días y no supe nada de ella.

O bien la criatura no tenía datos que vender, o se estaba haciendo de rogar con la esperanza de conseguir mejores condiciones. Comprendía muy bien su artimaña, pero también veía que me llevaba ventaja.

Por último, y con gran reticencia, le escribí lo siguiente, dirigiendo la carta al estudio de Lathom.

«Señora: Cuando la vi la otra mañana en el estudio del señor Lathom, sugirió que tal vez estuviera en

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