púlpitos que no saben nada de este asunto, sin duda están diciendo la verdad. De lo que depende el judío internacional es de la probabilidad de que todo judío apruebe aquello que aporta poder y prestigio a su pueblo. En cualquier caso, es bien sabido que, por poco que se le haya dicho al líder judío corriente sobre los programas mundiales, este contempla con el mayor respeto y confianza a los mismos hombres que deben llevar a cabo dichos programas, si es que estos existen.
El vigésimo cuarto Protocolo de los Sabios Ancianos de Sion dice lo siguiente:
"Ahora abordaré la manera en que las raíces de la casa del rey David penetrarán hasta los estratos más profundos de la tierra. Esta dinastía, incluso hasta el día de hoy, ha otorgado el poder de controlar los asuntos mundiales a nuestros hombres sabios, los directores educativos de todo el pensamiento humano".
Esto indicaría, de ser fiable, que, como continúa relatando el Protocolo, el Autócrata en persona no ha aparecido, sino que la dinastía, o el linaje davídico en el que debe aparecer, han encomendado la tarea de prepararle el camino a los Sabios de Sión.
A estos sabios se les presenta no solo preparando a quienes ejercen el dominio sobre los asuntos del judaísmo, sino también moldeando e influenciando el pensamiento del mundo hacia fines que sean propicios para estos planes.
Cualquiera que sea lo que se oculte en el programa, es seguro que su ejecución o los efectos de su ejecución no pueden ocultarse. Por lo tanto, puede ser posible hallar en el mundo exterior los indicios que, rastreados hasta su origen, revelan la existencia de un programa cuya promesa para el mundo, buena o mala, debería ser ampliamente conocida.