políticos. No se le ha impuesto tal restricción desde su regreso a los Estados Unidos, ya que aparece como un ferviente defensor de las plenas relaciones comerciales con el Gobierno soviético de Rusia.
El Chicago Tribune lo cita de la siguiente manera:
"—Debemos dejar a Rusia en paz —dijo resumiendo sus puntos de vista—. Debemos reanudar el comercio con los soviéticos. El gobierno bolchevique es permanente. * * * Aunque solo hay 700.000 miembros del partido comunista, los campesinos, que representan a casi 100.000.000 de personas, apoyan firmemente el régimen de Lenin."
Entre los ingenios soviéticos que se dice que los 100.000.000 de campesinos de Rusia «apoyan firmemente», se encuentra el siguiente (el cual resulta particularmente interesante en vista de que el juez Fisher es juez del Tribunal de la Moralidad de Chicago):
"—Hace algún tiempo se publicó que las mujeres de Rusia se habían convertido en propiedad nacional —dijo—. Eso no es verdad, pero la facilidad con que pueden efectuarse el matrimonio y el divorcio propicia cambios rápidos. Todo el que quiere casarse va a lo que llamaríamos el ayuntamiento y se registra".
"—Los incentivos para casarse son grandes. Cuando la gente pasa apuros de ropa y comida, a veces hacen un pacto para casarse por un día.
"Al día siguiente van al ayuntamiento y se registran de nuevo. Esta vez sus nombres quedan lado a lado en el libro de divorcios. Eso es todo lo que se necesita para divorciarse, y encima han tenido una buena comilona".
El juez Harry Fisher, de Chicago, que ha regresado de realizar labores de ayuda judía en el extranjero, es evidentemente de los que no se avergüenzan de Trotsky.
También Max Pine, secretario durante muchos años de los Sindicatos Unidos Hebreos de Nueva York, había estado en el extranjero, en la