los sacerdotes y ministros cristianos a trabajar en los caminos, mientras a los rabinos judíos se les conservan sus privilegios clericales? Puede que Trotsky no sea gran cosa en materia de religión, pero no deja de ser judío. Esto no es una mera insistencia de los gentiles en que debe ser considerado judío a la fuerza; es la estricta enseñanza judía la que afirma que lo es. En una futura discusión sobre «¿religión o raza?», demostraremos que, aun sin religión, Trotsky es —y todas las autoridades judías consideran que es— un judío.
Aquí hay que pedir disculpas por repetir hechos bien conocidos. Sin embargo, son tantas las personas que ni siquiera ahora son conscientes del verdadero significado del bolchevismo que, a riesgo de caer en la monotonía, citaremos algunos de los hechos más destacados.
El propósito, sin embargo, no es solo explicar a Rusia, sino arrojar una luz de advertencia sobre las condiciones en los Estados Unidos.
El Gobierno bolchevique, tal como se encontraba a finales de este verano, cuando se logró introducir clandestinamente el último informe a ciertas autoridades, pone de manifiesto la dominación judía de todo el asunto. Ha cambiado muy poco desde el principio. Damos solo unos pocos elementos para indicar la proporción. No debe suponerse que los miembros no judíos del gobierno sean rusos.
Muy pocos rusos tienen algo que decir acerca de su propio país hoy en día. La llamada «Dictadura del Proletariado», en la cual el proletariado no tiene absolutamente nada que decir, es rusa únicamente en el sentido de que está establecida en Rusia; no es rusa en cuanto a que brote del pueblo ruso o lo incluya. Es el programa internacional de los Protocolos, que podría ser «impuesto» por una minoría en cualquier país, y que está teniendo un ensayo general en Rusia.