Así dicen los Protocolos:
"Agotar a todo el mundo con disensiones, animosidades, enemistades, hambre, inoculación de enfermedades, penurias, hasta que los gentiles no vean otra vía de escape que un llamamiento a nuestro dinero y a nuestro poder."—Protocolo 10.
«Cansaremos y agotaremos de tal manera a los gentiles con todo esto que se verán obligados a ofrecernos una autoridad internacional que, por su posición, nos permitirá absorber sin alteración todas las fuerzas gubernamentales del mundo y formar así un supergobierno».
«Debemos dirigir la educación de la sociedad gentil de tal manera que sus manos caigan en la debilidad del desaliento ante cualquier empresa donde se necesite iniciativa».—Protocolo 5.
Los judíos nunca se han desgastado ni agotado. Jamás se han quedado desconcertados. Esta es la verdadera característica psíquica de aquellos que tienen la clave del laberinto. Es lo desconocido lo que agota la mente, el deambular constante entre tendencias e influencias cuya fuente se desconoce y cuyo propósito no se comprende. Caminar en la oscuridad es un trabajo agotador. Los gentiles lo han estado haciendo durante siglos. Los otros, al tener una idea bastante precisa de qué trataba todo aquello, no han sucumbido. Incluso la persecución es soportable si es comprensible, y los judíos del mundo siempre han sabido exactamente dónde encajaba esta en el orden de las cosas. Los gentiles han sufrido más por las persecuciones judías que los propios judíos, pues una vez que las persecuciones terminaban, el gentil seguía tan a ciegas como siempre; mientras que el judaísmo simplemente retomaba su marcha centenaria hacia una meta en la que cree implícitamente y que, según afirman algunos que poseen un profundo