naciones. A Bretaña ya la tiene. Por Rusia está luchando, pero las probabilidades están en su contra. Estados Unidos, con su buena y tolerante acogida a todas las razas, ofrece un terreno prometedor. El escenario de las operaciones cambia, pero el judío sigue siendo el mismo a través de los siglos.
[Número del 29 de mayo de 1920.]
A primera vista parecería como si el sistema económico de Norteamérica fuera precisamente el que se desarrolló independientemente de los judíos . . . . Sin embargo, mantengo mi afirmación de que los Estados Unidos (tal vez más que cualquier otra tierra) están repletos hasta el borde del espíritu judío. Esto es reconocido en muchos círculos, sobre todo en aquellos más capaces de emitir un juicio sobre el asunto . . . .
Ante este hecho, ¿no existe acaso cierta justificación para la opinión de que los Estados Unidos deben su misma existencia a los judíos? Y si esto es así, ¿con cuánta más razón puede afirmarse que la influencia judía hizo a los Estados Unidos tal como son —es decir, americanos?—. Pues lo que llamamos americanismo no es otra cosa, si podemos decirlo así, que el espíritu judío destilado.
—Werner Sombart, «Los judíos y el capitalismo moderno», págs. 38, 43.
III.
Historia judía en los Estados Unidos
La historia de los judíos en América comienza con Cristóbal Colón. El 2 de agosto de 1492, más de 300.000 judíos fueron expulsados de España, con cuyo acontecimiento el prestigio de España inició su larga