decadencia, y el 3 de agosto, al día siguiente, Colón zarpó hacia Occidente, llevando consigo a un grupo de judíos. No eran, sin embargo, refugiados, pues los planes del navegante profético habían despertado la simpatía de judíos influyentes desde mucho tiempo atrás. El propio Colón nos cuenta que trataba mucho con judíos. La primera carta que escribió detallando sus descubrimientos iba dirigida a un judío. En efecto, el trascendental viaje que añadió al conocimiento y la riqueza de los hombres «la otra mitad de la tierra» fue posible gracias a los judíos.
La agradable historia de que fueron las joyas de la reina Isabel las que financiaron el viaje ha desaparecido bajo la fría investigación.
Hubo tres Maranos o «judíos secretos» que ejercieron gran influencia en la corte española:
- Luis de Santagel, que era un importante comerciante de Valencia y «arrendador» de los impuestos reales;
- su pariente, Gabriel Sánchez, que era el tesorero real; y
- su amigo, el camarero mayor del rey, Juan Cabrero.
Estos trabajaron sin cesar en la imaginación de la reina Isabel, pintándole el vaciamiento del arca real y la probabilidad de que Colón descubriera el fabuloso oro de las Indias, hasta que la reina estuvo dispuesta a ofrecer sus joyas en empeño para conseguir los fondos.
Pero Santagel pidió permiso para adelantar el dinero él mismo, cosa que hizo, 17 000 ducados en total, unos 20 000 dólares, tal vez equivalentes a 160 000 dólares actuales. Es probable que el préstamo superara el coste de la expedición.
Asociados con Colón en el viaje iban al menos cinco judíos: