que viviera en virtud de una presión invisible sobre el pueblo, y que intercambiaba los productos más inútiles por los precios que justamente agotaban el excedente de dinero del pueblo y nada más: cada una de esas actividades ha estado bajo el dominio de los judíos.
Es posible que no sean conscientes de su participación en ninguna desmoralización generalizada del pueblo. Puede que solo sean conscientes del «dinero fácil». Quizás a veces cedan a la sorpresa al contrastar a los tontos gentiles con sus propios judíos entendidos en dinero, en telas y en metales.
Pero sea como fuere, ahí está la concepción de un programa mediante el cual un pueblo puede ser devastada deliberadamente en lo material y en lo espiritual, y aun así mantenerse complaciente todo el tiempo; y ahí está también el mismo programa traducido en términos de transacciones cotidianas y, en su mayor parte, quizás por completo bajo el control de los miembros de una sola raza.
[Número del 7 de agosto de 1920.]