Cuando él venga, el Autócrata Mundial para quien se ha trazado todo el programa, se podrá añadir la sexta punta.
Los cinco puntos de la estrella ahora aparentemente asegurados son la Bolsa, la Prensa, la Nobleza, Palestina y el Proletariado. El sexto punto será el Príncipe de Israel.
Es muy difícil de decir, es difícil de creer, pero el señor Cohan lo ha dicho, y las revoluciones, especialmente desde la Revolución Francesa, lo confirman, que «con este signo llega la muerte de los parásitos de la burguesía * * * lágrimas judías brotarán de ellos en sudor de gotas de sangre».
La «burguesía», como dicen los Protocolos, es siempre gentil.
El contraargumento común al hecho invencible del carácter judío de la revolución rusa —un argumento destinado a desaparecer ahora que el reconocimiento judío llega a raudales— es que los judíos en Rusia también sufren.
«¿Cómo podemos favorecer un movimiento que hace sufrir a nuestra propia gente?», es el argumento que se le plantea al gentil.
Pues el hecho es este: están favoreciendo ese movimiento. Hoy, en este preciso momento, el Gobierno bolchevique está recibiendo dinero de financieros judíos en Europa, y si en Europa, entonces por supuesto también de los banqueros judíos internacionales en América. Ese es un hecho.
Otro hecho es este: los judíos de Rusia no están sufriendo ni de cerca en la medida en que nos dicen los propagandistas. Ahora es un hecho admitido por los propios judíos de que, en la primera incursión de los bolcheviques por Polonia, los judíos polacos fueron amigos de los invasores y los ayudaron.